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Deselegir

Puede ser que por un tiempo no sepa qué elegir para sí; pero, aun así, -a pesar de su confusión-, sí le advenga en cambio una contundente claridad respecto de qué es lo que necesita deselegir lo antes posible: aquello que le hace mal a su ánimo, a su cuerpo, a su tiempo, a su más clara hondura. Costumbres, vínculos, automaltratos y…maltratos ajenos, actitudes, destinos erróneos… Entonces es posible que un vigor acrecentado le dé a uno la bravura suficiente como para ejecutar ese magnífico acto que vira el timón de nuestra barca hacia su verdadero Norte. Y así pueda deselegir. Y respirar hondo, porque habrá hecho espacio para lo nuevo.

Y, como en esa instancia uno/a se siente genuinamente fuerte (aunque a la vez sea delicado como un lirio), ya no necesita tantas defensas: cada vez que lo precise, elegirá desdefenderse (palabra también necesaria, que no implica quedar indefenso, sino instalarse en la mejor condición en la que un ser humano pueda estar: abierto a quienes valgan la pena, en afinidad con la Vida, y contando consigo mismo/a).

 Virginia Gawell

 

 

 

 

 

 

 

 

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